Se proyecta un récord de 180.000 toneladas, con supremacía de las nuevas variedades, lo que ocupó a unas 10.000 personas para la recolección manual de las variedades para mesa, mientras que las maquinarias recogieron los frutos que necesita la industria aceitera.

La cosecha de aceitunas en La Rioja llega a su cierre con la proyección de un récord de 180.000 toneladas, con supremacía de las nuevas variedades, lo que ocupó a unas 10.000 personas para la recolección manual de las variedades para mesa, mientras que las maquinarias recogieron los frutos que necesita la industria aceitera.
Desde la fiesta de La Chaya, en febrero, se viven tiempos de cosecha en la provincia, pero con tensiones entre la vieja y la nueva olivicultura.

Los añosos árboles de la variedad autóctona, ubicados sobre todo en las fincas pequeñas de los productores tradicionales, ya casi no tienen mercado y por eso valen poco.

Mientras los productores más chicos reclaman subsidios para poder recolectar las frutas Arauco que todavía cuelgan de los olivos, el gobierno provincial anuncia una cosecha récord de 180.000 toneladas, con supremacía de las nuevas variedades.

Es el 40% de la producción nacional, que también proviene de Mendoza, San Juan y Catamarca, y que según los datos oficiales, en La Rioja hay unas 27.000 hectáreas.

La producción de unas 2.500 de esas hectáreas va a parar a la inmensa planta de Olives SA, una de las principales productoras de aceitunas de mesa que compra el 70% de la materia prima en Tinogasta, Chilecito y hasta de Catamarca.

Las frutas llegan a la fábrica ni bien se cosechan y lucen un intenso verde. Las negras nacen en el mismo árbol y vienen mezcladas: son aquellos granos que se pasaron de madurez y tomaron ese color.